‘Transitar la carne de la ciudad’, por Riikka Laakso

Bird Dog

“Yo enfrento la ciudad con mi cuerpo; mis piernas miden la longitud de los soportales y la anchura de la pla-za; mi mirada proyecta inconscientemente mi cuerpo sobre la fachada de la catedral, donde deambula por las molduras y los contornos, sintiendo el tamaño de los entrantes y salientes; el peso de mi cuerpo se encuentra con la masa de la puerta de la catedral y mi mano agarra el tirador de la puerta al entrar en el oscuro vacío que hay detrás.”

(Juhani Pallasmaa)

En el escenario de una pandemia mundial la danza, de repente, se vio obligada a redefinir su lugar: el cuerpo que solía bailar en un espacio de cierta proximidad, ahora negociaba con la distancia que generan los medios digitales. La coreografía Bird Dog, en castellano Pájaro Perro, fue estrenado en febrero del 2021 y bebe de ese momento de preguntas: ¿Cómo conservar la inmediatez y la fugacidad de una poesía corporal en un entorno virtual?

Yasutake Shimaji en Tokio, Nina Botkay en Lisboa, Spencer Dickhaus en La Haya, Shanice Mason en Washington. Cuatro performers singulares, cada una en su ciudad. Pájaro Perro contiene, por lo tanto, características de una obra site-specific; se trata de una coreografía íntimamente ligada al entorno.

De hecho, la danza y la ciudad ya hace mucho que se atraen mutuamente. Fiel a las aspiraciones de la danza posmoderna de explorar las conexiones entre la danza y la vida, en los años sesenta se bailaba en todo tipo de espacios no teatrales, como galerías de arte y lofts privados. Pero la danza invadía también las fachadas de los edificios de Nueva York, como en Man Walking Down the Side of a Building (1970) de Trisha Brown, donde el bailarín suspendido en un ángulo de 90 grados contra la pared exploraba una gravedad alterada, haciendo de ella —y del edificio— su partner de baile. A la vez, el edificio se convertía en la partitura de ese dueto, escrita por la superficie construida y recibida por los pies del bailarín. El cuerpo que baila lee la ciudad desde una proximidad: la percibe y la negocia, la siente, la hace visible.

También en Pájaro Perro el cuerpo y la ciudad se encuentran físicamente, dialogan con pesos y formas, desde sus medidas y temperaturas. O tal vez durante la obra la bailarina experimenta una distancia abismal, sabiendo que sus co-performers están corporalmente a hasta 10 000 kilómetros de distancia, algo que le permite viajar en una soledad acompañada por las miradas del público. Así que Pájaro Perro también podría ser una especie de videodanza, un género que explora la pantalla bailada; una fusión de realidades corporales con el medio cinematográfico. Pero mientras la edición permite re-coreografiar las imágenes filmadas, alterar por ejemplo la duración de una danza grabada, Pájaro Perro despliega la acción a tiempo real, en un streaming, donde el tiempo que demoran las bailarinas en cada acción determina el desarrollo de la coreografía.

Los cuerpos comparten su trayecto. Valoran el tiempo no productivo de la danza. Consideran la duración — remitiendo al filósofo Byung-Chul Han— una resistencia frente al consumo en serie y a velocidades astronómicas de contenidos siempre nuevos en la sociedad digital actual.

Un pájaro perro (en inglés bird dog usado como sustantivo) es un perro cazador: el que observa, apunta y busca, ve, indica y recoge. Corre y ladra. Pero el conjunto de palabras también tiene su uso como verbo (en inglés to bird-dog), algo así como «hacer el pájaro perro», mirar con atención, examinar minuciosamente, detectar o perseguir. ¿Cómo, entonces, perseguir la ciudad, examinar minuciosamente sus rincones, detectar sus vuelos, perseguir sus múltiples rastros? Para conseguir olfatear los espacios — el olfato de un perro puede llegar a ser hasta cien veces mayor que el de un ser humano— las bailarinas afinan sus cuerpos hiper-sensibles, sus sensores que detectan los inputs no solo olfativos, sino también táctiles, visuales, auditivos, incluso gustativos. Estas cazadoras persiguen la inmediatez de estímulos sensoriales como motor de movimiento; traducen la ciudad en danza.

Marina Mascarell ha colaborado en proyectos cinematográficos (Homing del 2012, dirección de Xabier Iriondo). En la creación anterior Second Landscape (2020) reflexionaba sobre la invasión que ejercen las imágenes envolventes de nuestra sociedad, donde el ojo-espectador del siglo xxi ha sido educado con una saturación de imágenes impolutas, iluminaciones óptimas y montajes sin costuras. Frente a esta perfección Pájaro Perro busca una ruptura desde algo casi analógico; cuatro bailarinas singulares, cuatro teléfonos móviles de calidad mediana, cuatro trípodes de plástico, cuatro ciudades vividas. La piel de sus cuerpos acaricia la carne de la ciudad, en busca de la danza en lo que el arquitecto Juhani Pallasmaa denomina «una arquitectura táctil»; una manera de percibir la ciudad más allá de la vista.

Riikka Laakso

MARINA MASCARELL presenta ‘Bird Dog’ al Mercat de les Flors el 2 i 3 d’octubre de 2021

 

VIDEOGRAFÍA

https://www.youtube.com/watch?v=sKkBXZSljHk

(Extracto, Trisha Brown, Man Walking Down The Side of a Building, 1970)

https://www.youtube.com/watch?v=DaMk8q0aJyE

(Trailer, Willi Dorner, Bodies in Urban Spaces, 2014)

https://vimeo.com/318408416

(Extracto, Camille Voyenne, colectivo Champ Libre, L’évangile selon l’instant présent, 2019)

BIBLIOGRAFÍA

Byung-Chul HAN, La desaparición de los rituales. Una topología del presente. Barcelona: Herder, 2020.

Juhani PALLASMAA, Los ojos de la piel. La arquitectura y los sentidos. Barcelona: Gustavo Gili, 2006.

Yi-Fu TUAN (1974), Topofilia. Un estudio de percepciones, actitudes y valores sobre el entorno. Editorial Melusina, 2007.

ENLACES DE INTERÉS

http://archivoartea.uclm.es/textos/danza-en-contexto-una-introduccion/ (Artículo online, Victoria Pérez Royo, “Danza en contexto. Una introducción”, 2008.)

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