De torres y alfileres, por Roberto Fratini

“Las cosas buenas que construimos terminan construyéndonos”

(Jim Rohn)

Ambiciosa y desesperada, la torre de Babel bíblica fue a buscar sus cimientos en la dirección más equivocada e indudablemente en la más humana: hacia arriba, en un inimaginable punto de convergencia de todos los deseos, de todas las diferencias, de todas las gesticulaciones. Un dios celoso, amante de los proyectos y de las superintendencias, consideró pedagógico dejarla hundirse en la confusión idiomática. Babel fue desde entonces una metáfora exitosa de la arrogancia e incoherencia de la especie: la onomatopeya del ruido que nos separa; la cacofonía de un mundo sin parámetros, obcecado por la verticalidad.

Una versión apócrifa del Génesis atribuye el origen de la arquitectura al gesto instintivo – repararse la cabeza con las manos – que Adán hizo al encontrarse desterrado y sin ropa en los extrarradios del Edén. Hija de la caída, la historia de la construcción se devanaría desde entonces como una epopeya de precariedad y grandilocuencia: de dioses envidiosos y envidia hacia los dioses; de diseños soberanos y gestos esclavos; de piedras sagradas y cuerpos sacrificables. Los inefables mamotretos de la arquitectura reciente son el retrato terminal de una desproporción ya histérica entre los fastos del neoliberalismo y la irresistible avanzada de una precariedad cada vez más normativa. Arquitectura sin sentido, sin sentidos y sin gestos, hija de la ilusión de que el capital, como la voz de dios, pudiera extinguir el ruido de fondo de la diferencia, declarándola para siempre poco constructiva, por no decir destructiva.

Desde que fundó en 2007 su colectivo de danza y artes plásticas, Jordi Galí propone una anti-arquitectura adaptada al clima moral y al mood del precariado vigente: basada en el montaje de las heterogeneidades y en los mil diferenciales de la gestualidad. Da fe de este programa incluso el nombre de la compañía (reformulada como sociedad poética de mutuo apoyo – nunca mejor dicho – con la artista coreógrafa Vania Vaneau): Arrangement provisoire. Los “Arreglos provisorios” en cuestión son operaciones en las que el gesto de construir vuelve a aplicarse como una epoké (la acción de aligerar, suspender y contemplar) a las Urformen, a las figuras seminales y células estaminales del imaginario arquitectónico de occidente: muros, arcos, puentes, torres, bóvedas, alzados, forjados (es un ejemplo de ello el reciente Arcos, 2020).

Las randonnée participativas de construcción orquestadas por Jordi Galí reproducen en el fondo, como en una galería de espejos, los principios (arkhés) de aquella tectónica que permitió a la humanidad pergeñar sus refugios, catedrales, castillos. Son arqui-tectónicas en un sentido casi etimológico. Apuntando a una arqueología vivencial del imaginario constructivo, procuran reconvertir el teatro en solar, la obra en obra, los intérpretes en obreros, y las normas estáticas en experiencias extáticas. El resultado es una arquitectura efímera, hecha de movimientos y objetos, de equilibrios que resultarían imposibles si nos los integraran los gestos, el cuerpo, el peso de quién construye. De T, su afamado solo de 2015, Jordi Galí afirmó: “El equilibrio y la oposición se convierten en acciones fundamentales, el cuerpo y los objetos comparten presencia, enriqueciéndose mutuamente en una relación dinámica de fuerzas, entre equilibrio y tensión. T es un ritual en el que los eventos casuales componen poco a poco una estructura delicada, inestable y compleja, sobre la cual el intérprete se mueve mientras sigue construyéndola. Es una estructura de engranajes y péndulos acústicos que se mueven hasta alcanzar el ápice: el equilibrio – imposible – y el silencio – insostenible -, más allá del ritmo de cada respiro. ”

Integrando más “cuerpos operadores” a este programa de ingeniería efímera, Galí ha articulado ulteriormente la hipótesis inicial de componer el equilibrio a partir de la yuxtaposiciones y combinaciones de diferentes desequilibrios. La vertiente gestual, orquéstica y sociológica de su paradigma constructivo es en última instancia un sistema refinado y dinámico de tracciones (o atracciones) y compresiones (o comprensiones). El objetivo era, en el fondo, desplegar más metódicamente, y con más astucia matemática, las ensoñaciones participativas y los anhelos de contacto y cooperación que habían conformado el núcleo utópico de la Postmodern Dance. Orbes de 2018 devanaba durante tres horas, en 120 combinaciones de cuerpos, este sistema “convivencial” hecho de gravitaciones, aproximaciones, imbricaciones, im-plicaciones, suspensiones, donde cada figura colectiva generaba un “islote de compresión en un océano de tracciones”. La fórmula es de aquel Richard Buckminster Fuller – inventor de la cúpula geodésica y del mil cosas más – cuyo humanismo matemático resuena a través de toda la poética de Jordi Galí, basada a su vez en la posibilidad de desplegar sistemas muy complejos a partir de la combinación inteligente de materiales muy sencillos; y de lograr así una cualidad constructiva conocida como tensegridad (o integridad tensional – otro neologismo de Buckminster -), donde la estabilidad del conjunto brota, como en un sistema emergente, de la totalidad de los contrastes, compresiones y repulsiones que conforman el entramado.

Así pues, los ensamblajes de Galí podrán recordar, por elección de los materiales y aspecto formal, las prodigiosas esculturas cinéticas de Theo Jansen, las alquimias constructivas de Johann Le Guillerm, los experimentos de Kenneth Snelson (autor, en 1968 de una famosa Needle Tower o “torre de alfileres”), incluso las fantasmagorías gráfico-textiles de Alwin Nikolais (Tensile Involvement, 1955). Pero la singularidad poética de Galí se inscribirá siempre en el carácter colaborativo, inductivo, gestual y progresivo de cada aventura plástica. No es casual que uno de sus formatos constructivos fetiche haya sido el pabellón: el prototipo de la estructura polivalente, del tinglado de uso múltiple, concebido invariablemente como lugar de confluencia, de encuentro y de intercambio; el edificio por hacer y deshacer. Del mismo Galí, el reciente Pavillon Fuller (2017), escenifica en el fondo esta dialéctica casi impensable entre la “tensegridad” predicada por Buckminster Fuller, y el carácter dinámico, fantasmal, cinemático y efímero de las espirales de luz y tejido, de las esculturas “celenteradas” e invertebradas que la danza de Loïe Fuller había encarnado a comienzos del siglo; entre la consistencia de lo arquitectónico y la inconsistencia de lo performático. Los hilos, las cuerdas, los palos constituyen sin excepción, en las obras de Galí, un entramado translúcido y paramétrico, atravesado por la imagen del contexto, urbano o natural, humano y material en el que se gesta; un entramado que a su vez se apoya como una lupa geométrica, come una cuadrícula frágil y tridimensional sobre la imagen recibida de lo que somos y de todo cuanto hemos, para bien o para mal, edificado como colectividad.

Lejos de la vistosa monumentalidad de aquella arquitectura institucional que acaparró las ideas de Buckminster Fuller, Galí escenifica los ensamblajes y reciclajes de una colectividad cada vez más precarizada, que ya no tiene arquitectos cósmicos ni para castigar ni para alentar la arrogancia de querer escalar el cielo. Al prometeísmo capitalista, al perfecto machismo intensivo de los rascacielos de toda calaña, Babel (2019) opone una larga duración de sosegado, paciente bricolaje colectivo – un “hacer tiempo haciendo” que desafía cualquier economía espectacular, porque su interés es constituir una cronicidad habitable, una estancia común de la que se pueda entrar y salir a discreción -. Son los tiempos largos, textiles de Stance (2014); las 3 horas y 120 combinaciones de Orbes; los 8000 metros de cuerda de Maibaum (2016). Para los participantes-intérpretes de Babel no se trata sólo de trabajar el módulo, sino de construir artesanalmente y enarbolar lo que por definición está fuera de escala – el resto, el objet trouvé, las herramientas más humildes y residuales del imaginario constructivo, las diferencias (étnicas, lingüísticas, ideológicas) de cada uno -. Se trata, en resumidas cuentas, de templar la cacofonía. De desafiar, quizás, los nuevos dioses – rentabilidad, brevedad, espectacularidad -.

Más allá, justamente, de la dicotomía ya rancias entre la terquedad ideológica de la arquitectura moderna y la frivolidad de la posmoderna; más allá del debate, planteado por Venturi y Scott-Brown entre patos y tinglados decorados, el tipo de urbanismo efímero en el que se encauza la danza de Jordi Galí, es un inacabado gestual, en el que la escoria de los materiales simbólicos se convierte en material pobre de construcción: dinteles precarios, apoyos inestables, complementos de un castillo de naipes siempre por rehacer. Aquí se apuntala las aporías de la estática con de la debilidad de los signos, o con el signo más débil de todos, que es el gesto: la sustancia residual, la fantasmagórica chatarra en la que se convierten los símbolos al quedarse en los márgenes del discurso o del mercado. Algo resignadamente humano vuelve a intervenir la secreta gracilidad de todo lo construido. Adán se sube otra vez las manos a la cabeza.

Hablamos, en el fondo, de una tectónica del apaño que el neoliberalismo ha convertido en la gaya ciencia de todos quienes son, literalmente, des-amparados. No es casual tampoco que Jordi Galí fuera uno de los artistas involucrados en el proyecto europeo Migrant Bodies – Moving Borders, que cuestionaba desde las artes performativas las paradojas de la inmigración y de la precariedad sistémica. Su contribución al debate son los ensamblajes frágiles y atrevidos de los últimos años, buenos para habitarlos un rato, suficientemente pobres como para abandonarlos sin remordimientos, o suficientemente ligeros como para llevárselos a cuesta al abandonar los lugares. Galí difunde y comparte esta elegía de impermanencia, que reconstituye el mundo como objeto encontrado, chatarra que pide a susurros una segunda chance para repensarse; y la entrega a las últimas cofradías de constructores de paz no calificados – o directamente descalificados -, masonería desamparada e ingeniosa. ¿Acaso la lonja no designaba en origen precisamente esto, el tinglado hecho al buen tuntún en las lindes del edificio en obras, donde residían temporáneamente, trabajaban y pensaban los constructores de catedrales? De lonjas poéticas, construcciones artesanales y comunidades de chapuza están llenas las crónicas de la coreografía reciente, de Marina Mascarell, al colectivo

NyamNyam, a Vicente Colomar, a Aitana Cordero, entre otros. Todas ellas aluden a la extraordinaria imposibilidad para las nuevas utopías de ser el tipo de borrón y cuenta nueva que ha llenado nuestros paisajes urbanos de chatarra titánica y balances en rojo. Todas hablan de dimensiones post-utópicas y ensoñaciones sostenibles. Todas aluden, más o menos deliberadamente, a una metáfora cada vez más persuasiva del mundo globalizado como morada, refugio, choza (de Greta Thunberg a Christian Rizzo). La ecología rinde homenaje a su raíz semántica (de oikos, casa). Las nuevas babeles reúnen los esfuerzos de una humanidad cuya última ambición, cuya hibris o salvación será querer construir y construirse con la materia prima – o con la última materia – de su propia heterogeneidad.

Roberto Fratini

COMPANYIA ARRANGEMENT PROVISOIRE / JORDI GALÍ presenta ‘Babel’ a la plaça Margarida Xirgu el 17 d’octubre de 2021

Bibliografía:

Joshua COMAROFF, Ker-Shing ONG, Horror in Architecture, ORO Editions, 2013.

Agustín FERNÁNDEZ MALLO, Teoría general de la basura. Cultura, apropiación, complejidad. Galaxia Gutemberg, 2020.

François FLAHAULT, El crepúsculo de Prometeo. Contribución a una historia de la desmesura humana, Galaxia Gutemberg, 2013.

Ian HODDER, Entangled. An Archeaology of the Relationships between Humans and Things, John Wiley and Sons, 2012.

Juhani PALLASMAA, Los ojos de la piel. La arquitectura y los sentidos, Gustavo Gili, 2014.

Lloys SIEDEN, Buckminster Fuller’s Universe. An Appreciation, Basic Books, 2000.

Robert VENTURI, Denise SCOTT-BROWN, Aprendiendo de Las Vegas. El simbolismo olvidado de la forma arquitectónica, Gustavo Gili, 2015.

Links de interés:

https://www.archdaily.com/893555/tensegrity-structures-what-they-are-and-what-they-can-be (artículo online, Matheus PEREIRA, “Tensegrity Structures: What They are and They Can Be”, Archdaily, 3/6/2018)

https://bibliodarq.files.wordpress.com/2015/06/fuller-r-b-manual-operativo-de-la-nave-espacial-tierra.pdf (PDF online, Richard BUCKMINSTER FULLER, “Manual operativo de la nave espacial tierra” (1979)

https://www.migrantbodies.eu/ (web del proyecto europeo Migrant Bodies – Moving Borders)

https://www.dancingarchitects.org/ (web de la plataforma Dancing Architects)

Links vídeo:

(Material vídeo Theo Jansen)

https://www.numeridanse.tv/en/dance-videotheque/strata2-extrait-2

(Extracto Maria Donata D’Urso, Strata 2, 2011)

(Extractos Robbie Synge, Douglas, 2014)

(Extractos Johann Le Guillerm, Secret (Temps 2), 2016)

(animación Tensegrity Snelson Tower)

(Documental integral, Simon Forti, Dance Constructions. Museum der Moderne Salzburg, 2014)

(Teaser Aitana Cordero, La casa. (Ellos)., 2016)

https://www.facebook.com/watch/?v=1498915700186012

(Teaser Vicente Colomar, Black Noise, 2018)

https://www.tmdc.es/blog/a-cuatro-patas

(Extracto Nyamnyam, proyecto A cuatro patas)

Deixa un comentari