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‘Tierras raras, o donde bailan los fantasmas que son desenterrados’, por Salvador S. Sánchez

‘Tierras raras, o donde bailan los fantasmas que son desenterrados’, por Salvador S. Sánchez

En la Antigua Grecia, el pharmakos era un sacrificio ritual, un rito de purificación vinculado a los orígenes de la danza y el teatro en Occidente que consistía a veces en la expulsión de la ciudad, a veces en el asesinato de un chivo expiatorio. Al igual que los fármacos de hoy en día, el pharmakos griego tenía la función de combatir una calamidad; aunque entonces no era un principio activo, sino el sacrificio de una persona inocente el que procuraba la prosperidad de todo un pueblo. Así, la sangre de la víctima escogida era necesaria para purgar los males de la comunidad, la muerte individual era indispensable para asegurar la vida colectiva.

Si bien, como su propio nombre nos indica, Luz Arcas & La Phármaco conciben la escena desde la idea primigenia y arcaica del ritual, en su última obra profundizan aún más en la dimensión atávica y mítica del baile. La belleza que sobrevive a la destrucción, la luz que se abre paso en medio del caos, la vida que nace de la muerte se hace cuerpo en Tierras raras.

“Una manera hermosa de llamar a nuestro siniestro mundo”

Nos cuenta Arcas que la chispa inicial que encendió la mecha de este espectáculo fue el propio título. El término “tierras raras” fue acuñado en el siglo XVIII para nombrar una serie de elementos químicos difíciles de encontrar y extraer en estado puro. Hoy en día, estos componentes son la materia prima fundamental para la industria tecnológica, pues son necesarios para la fabricación de motores eléctricos, imanes de alta potencia y todo tipo de dispositivos electrónicos. Además de su escasez, otra particularidad de las tierras raras es que su procesamiento es altamente tóxico y genera una gran cantidad de deshechos.

El descubrimiento de estas sustancias enseguida conectó a la creadora malagueña con varios temas que ya había abordado en trabajos anteriores: el residuo como clave paisajística de nuestro tiempo, como lógica económica y estética del capitalismo, que fue uno de los ejes del Tríptico de la prosperidad; la obsolescencia del cuerpo y las residencias para mayores como puntos limpios de seres humanos, asuntos centrales de La buena obra, proyecto realizado con intérpretes no profesionales mayores de 65 años; y las toneladas de basura enterradas en Ciudad de México sobre las que versa la producción internacional Bordo Poniente, que toma el nombre del relleno sanitario más grande de América Latina.

Atravesando estos conceptos, Tierras raras pasó de designar a ciertos elementos de la tabla periódica a revelarse como una metáfora perfecta del mundo en que vivimos: “una manera hermosa de llamar a nuestro siniestro mundo”. De esta forma, el interés por lo residual y la idea del mundo como vertedero, donde la vida emerge de la basura y se abre paso entre la muerte y el deshecho, llevó a Luz Arcas a pensar en “la corteza terrestre como un friso circular donde conviven todos los muertos de la historia, todas las ciudades sepultadas, todos los materiales pasados, presentes y futuros condensados” en una sección estratigráfica del Planeta Tierra que es, a su vez, una condensación del tiempo histórico, el choque entre “el tiempo geológico y los ciclos de la historia humana”.

“El arte puede hacer algo en medio de este paisaje tenebroso”

Durante el proceso de creación del espectáculo, que contó con la colaboración de Pedro G. Romero en la dramaturgia, la compañía se inspiró en dos libros muy dispares para ahondar en algunas de estas cuestiones. Por un lado, Mi vida en la maleza de los fantasmas, del novelista nigeriano Amos Tutuola, “una fábula sobre los muertos” que narra las aventuras de un niño que debe enfrentarse solo a los fantasmas que habitan la selva africana. Y por otro, La seta del fin del mundo: sobre la posibilidad de vida en las ruinas capitalistas, el libro donde la antropóloga estadounidense Anna Tsing investiga el caso del hongo matsutake para explorar “cómo la belleza del mundo sobrevive a los paisajes apocalípticos”.

Como Arcas apunta, “a pesar del ambiente tóxico que crea el ser humano y este mundo que está en una situación crítica, el cuerpo se esmera y encuentra razones para buscar la belleza y la esperanza”. Ese es el sentido del arte hoy en día para la bailarina y coreógrafa andaluza, que entiende la creación como la alquimia que persigue la búsqueda de la piedra filosofal, de la tierra que nos salve: “cuando nos ponemos a bailar en la sala de ensayos tenemos esa esperanza de que el arte puede hacer algo en medio de este paisaje tenebroso”.

“Una ceremonia tóxica en la que se transforma la materia”

Las transmutaciones de la materia no solo inspiran el sentido de la danza de La Phármaco, sino también su forma, que toma como referentes “la imaginería de la alquimia y los rituales del mediterráneo”. Su búsqueda corporal conecta con tradiciones del cuerpo que “no vienen de la danza sino de la cultura arcaica, de la escultura primitiva, tartesia y fenicia” y su trazo coreográfico se articula a partir de una mirada del cuerpo que tiene más que ver con el gesto iconológico que con el gesto danzado.

Tierras raras es una propuesta singular, muy física e iconográfica, planteada casi como una ceremonia que se desarrolla entre “unísonos rotos, estados febriles y cuerpos en trance”. Un ritual colectivo donde el cante de Tomás de Perrate se cruza con el tarantismo pullés y los ritos calabreses del sur de Italia; donde los cuerpos de las bailarinas se relacionan desde el mantra en una suerte de purga escénica, de exorcismo de la intoxicación, de catarsis purificadora. Una pieza físicamente dura, muy exigente, casi violenta, que nos devuelve a esos orígenes ancestrales de la danza que defiende la compañía: “una danza que se aleja de la danza para volver a ser baile”.

“Dejar fluir el inconsciente para que la potencia de las imágenes emerja”

No obstante, Arcas nos aclara que el trabajo de composición coreográfica sí que está presente en Tierras raras, “aunque en ocasiones se trate casi de coreografías internas o invisibles”. Y es que la directora y coreógrafa malagueña reivindica el cuerpo por encima de la danza y no al revés: “la danza es más una necesidad que una forma, trabajamos la necesidad del gesto, la necesidad del baile. La forma aparece o no”.

La creadora andaluza explica que el proceso dramatúrgico de Tierras raras ha sido más intuitivo que en anteriores espectáculos. Confiando en los 16 años de trabajo profundo y riguroso en compañía, en este proyecto se han permitido “dejar fluir el inconsciente para que la potencia de las imágenes emerja”. En efecto, la dramaturgia visual que sostiene la pieza está construida sobre la contundencia de los materiales y el magnetismo de las imágenes: plásticos que son océanos, mangueras que son serpientes, bidones que son ánforas… La obra se despliega como un bodegón vivo de elementos artificiales y naturalezas muertas donde conviven diferentes especies y temporalidades; donde la iluminación y el sonido se convierten en lenguajes articuladores de un dispositivo escénico sensorial y atmosférico.

Una obra-puerta, que se abre a un universo nuevo”.

A lo largo de su trayectoria, Luz Arcas & La Phármaco han realizado una profunda investigación alrededor de la idea de “cuerpo jondo”: “un cuerpo problemático, primitivo, arraigado”. Sin embargo, este espectáculo responde a una nueva búsqueda: “hay obras-cierre, obras-sostén y obras-puerta; Tierras raras es para mí una obra puerta, que se abre a un universo nuevo”. Un universo de nuevas inquietudes coreográficas que giran en torno a lo que la dramaturga y directora define como “cuerpo raro”: “si el cuerpo jondo se alimenta del pasado y del sentimiento de pertenencia, aunque éste sea problemático, el cuerpo raro, los cuerpos de las tierras raras, se lanzan a la disolución, son excéntricos, están fuera de sí y se proyectan en un futuro que no es corporal pero donde siguen estando vivos”.

Este cuerpo raro es un cuerpo tóxico que representa esa materia en descomposición que alimenta el mundo y que sirve a La Phármaco para reivindicar la posibilidad de vida entre tanta muerte. Por eso, en Tierras raras “bailan los fantasmas que son desenterrados”, asistimos a la danza de los muertos que se revuelven en el vertedero tecnológico resistiéndose a la extinción, intentando destilar esperanza del despojo. Y es que quizá no nos quede otra manera de soportar la catástrofe, de abrirnos camino entre la destrucción, el desconcierto y la podredumbre, que a través del arte. Quizás sea el arte esa luz que se abre paso tímidamente en medio de tanta oscuridad, como las luciérnagas titilantes de Didi-Huberman. Recordemos las palabras de Luz Arcas y no perdamos “esa esperanza de que el arte puede hacer algo en medio de este paisaje tenebroso”.

LUZ ARCAS – LA PHARMACO presenta ‘Tierras raras’, del 16 al 18 d’abril de 2026, al Mercat de les Flors

Salvador S. Sánchez

BIBLIOGRAFÍA

ARCAS, LUZ. Pensé que bailar me salvaría. Continta me tienes, 2022.

DIDI-HUBERMAN, Georges. La supervivencia de las luciérnagas. Abada Editores, 2012.

LOWENHAUPT TSING, ANNA. La seta del fin del mundo: sobre la posibilidad de vida en las ruinas capitalistas. Capitan Swing, 2021.

TUTUOLA, AMOS. Mi vida en la maleza de los fantasmas. Siruela, 2008.

LINKS DE INTERÉS

www.lapharmaco.com

www.abc.es/queplan/sevilla/teatro/luz-arcas-miedos-momento-mayor-libertad-20260205133855-nts.html

www.epe.es/es/madrid/20250530/luz-arcas-quitando-medio-miedos-117997108

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