Brasil se desborda en el cuerpo de Poliana Lima como tragos de petróleo en la selva amazónica. En medio de este verde, el crudo de un yacimiento sale a la superficie y forma charcos oscurísimos. Brasil es un dels países más ricos en recursos naturales, biodiversidad y combustibles fósiles, que exporta a tot el mundo. Poliana Lima se instaló en Madrid hace quince años ya, pero los orígenes y el contexto de formación quedan impregnados en la piel y se convierten en el olor que el cuerpo acaba generando. Igual que el acento: no acaba de licuarse por mucha saliva que trague y da al idioma de acogida un ritmo especial. También aparece cuando se pone a bailar. Siempre hay un gesto o una cadencia que apuntan hacia el lado del Atlántico más rítmico.
Su última pieza se titula Oro negro, en referencia a este elemento que hace mover el mundo con una energía fosca que requiere pozos, tecnología de extracción y plataformas de procesado. La coreografía, un solo acompañado, es un homenaje a su padre, pero también una invocación a la diáspora africana que llegó a Brasil. Mientras baila, una figura que sólo camina evoca este pasado, memoria colectiva que arrastra la oscuridad más profunda y el dorado más vibrante, miedo y deseo en el mismo cuerpo.
Su cuerpo es herramienta de excavación y objeto de exposición a la vez, revelando una corporeidad históricamente demonizada: la carne vulnerable, el erotismo femenino, la negritud silenciada y la riqueza de la cultura popular. Con esta obra, Lima reivindica y visibiliza lo que ha estado ocultado, celebrando la complejidad de una humanidad diversa y resistente.
También hablaba de resiliencia en su primera gran creación, Atávico (2014), en la que aborda la transmisión de la violencia a través de generaciones. Con esta pieza ganó el Certamen Coreográfico de Madrid y el Certamen Coreográfico de Sabadell. En Barcelona la tradujo en un taller en La Caldera el 2015 con el objetivo de estimular el diálogo con el público.
Volvió hace cuatro años al Mercat de les Flors con Las cosas se mueven pero no dicen nada (2020), donde se cuestionaba las posibilidades de movimiento de doce intérpretes dentro de una estructura espacial rígida.
Además de sus creaciones, Poliana Lima fue Artista Asociada al centro cultural Conde Duque de Madrid (2018-2020), y ha impartido numerosos talleres y actividades de mediación cultural con los que continua su labor de interpelar al público y de hacernos reflexionar sobre les cuestiones sociales y culturales a través de la danza.
Bàrbara Raubert