Idio Chichava y la compañı́a Converge+ Dance de Mozambique nos presentan ‘Vagabundus’, un espectáculo con trece bailarines en escena que el propio coreógrafo describe como una reflexión en torno a la migración.
En esta obra, la compañı́a prescinde del reclamo (aún necesario) por el reconocimiento de las presencias diaspóricas en los paı́ses del Norte Global. Se sumerge en una cuestión más nuclear: los desafı́os de supervivencia de los migrantes dentro de las urbes contemporáneas. Para eso, pone en diálogo las expresiones corporales y orales de los Makonde (en particular los ritos artı́sticos de la tradición mapiko) y de los coros Makwayela.
Lejos de recrear una estética exotizante (tı́pica de productos turı́sticos predecibles) y más allà de la vitalidad y fascinación por las prácticas tradicionales, los lenguajes escogidos, en aparente incompatibilidad, ponen los intérpretes en tensión, ofreciendo un viaje existencialista, reflejo del actual momento histórico en el que los países del Sur Global están renaciendo. A la espera de una emancipación sociopolı́tica (que parece no llegar nunca), el individuo recurre a sus raíces culturales y se apoya en su comunidad para seguir adelante en un entorno industrializado y explotador.
Nos interesa particularmente el potencial progresista de este espectáculo, tanto por la fusión de los lenguajes interpretativos (fisicalidad y lirismo), como por el empoderamiento de las mujeres, o la muestra de antifragilidad de esos cuerpos y voces en hiper-presencia, a lo largo de una hora ininterrumpida de performance, demostrando que la resistencia en el tiempo, la preservación de las tradiciones y el apoyo comunitario son los tutores más sostenibles en sociedades alienadas por siglos de colonialismo, empobrecimiento y migraciones diversas.
A menudo olvidamos que la llegada de Vasco da Gama a la costa mozambiqueña en 1498 interrumpió cinco siglos de desarrollo comercial swahili con lo que hoy llamamos el «Medio Oriente». Luego, se ardaría otros cinco siglos hasta que Mozambique se independizara (1975) y la colonización portuguesa llegara a su fin en ese país.
Hoy, a pesar del contexto democrático iniciado en 1994, el país sigue enfrentando necesidades socioeconómicas urgentes y fuertes cuestiones migratorias.
Primero, por sus especificidades geográficas: 801.590 km² (casi el doble de España, con 506.030 km²), distribuidos a lo largo de la costa sureste del continente africano y subdivididos en 154 distritos. Numerosas fronteras delimitan su territorio, con seis fronteras terrestres (Tanzania, Malawi, Zambia, Zimbabwe, Sudáfrica y Eswatini) y vecinos marítimos frente a la costa este (como la inmensa isla de Madagascar o el archipiélago de las Comoras, donde se encuentra Mayotte, un departamento francés de
ultramar).
Luego por su demografı́a: cuenta con una población de 28 millones de habitantes, con una edad promedio de 17,4 años, que se manejan en diferentes lenguas, dialectos, culturas e historias.
Aún ası́, las migraciones más destacadas son internas, desde las zonas rurales hacia las principales ciudades (Maputo, Beira o Nampula). A estas se suman emigraciones transfronterizas, principalmente hacia Sudáfrica, Portugal o Brasil, así como inmigraciones de trabajadores e inversores extranjeros (provenientes de Malawi, Zimbabue, China e India), desplazamientos forzados por crisis climáticas y solicitudes de asilo político.
‘Vagabundus’ explora esta presión migratoria a través de la travesía de trece mozambiqueños en busca de una vida mejor. Migran a las urbes y llevan consigo su bagaje pluricultural, entre influencias portuguesas y herencias tribales.
La danza mapiko (la danza de las máscaras) de la cual se inspiran algunas coreografías de ‘Vagabundus’, es una expresión enérgica, con movimientos intensos y una profunda conexión con la tradición y la identidad. Esos bailes narran historias colectivas, cotidianas y ancestrales, transmitiendo fuerza, resistencia y alegría. Se practican mayoritariamente en ritos de paso o iniciación, invocando a los ancestros y tendiendo puentes entre el pasado y el presente.
En esta práctica, el bailarín cubre su cabeza con una máscara tallada con minuciosidad (aunque los tatuajes originales han desaparecido con la modernización) y se convierte en un lipiko, un espíritu de transmisión identitaria. Aunque estas danzas suelen ser interpretadas principalmente por hombres iniciados —algo común en sociedades secretas africanas—, originalmente también existía el mapiko de las mujeres, relegado por criterios patriarcales.
Por otra parte, los coros de tipología Makwayela a los que apela la obra surgieron alrededor de 1860, entre trabajadores migrantes mozambiqueños (barones) en las minas sudafricanas, evocando las condiciones laborales duras y la añoranza por la tierra de origen. Hoy, es un símbolo de resistencia anticolonial y un reflejo de la realidad social y política mozambiqueña.
Se ha de recordar que, si bien durante la descolonización se destacaron figuras masculines como el líder Gungunhana, también hubo mujeres, como Nehanda Nyakasikana, que lucharon por la liberación del Mozambique.
‘Vagabundus’ consigue actualizar esta historiografía de manera simbólica, contando con cinco mujeres en escena y prescindiendo de máscaras. Vestidos de manera sencilla y uniforme, hombres y mujeres encarnan a los lipiko, cuestionando lo femenino y lo masculino, la fortaleza y la vulnerabilidad.
‘Vagabundus’ aborda la resistencia y la resiliencia. Durante una hora, cada migrante es puesto a prueba: cae y se levanta, sostenido al unísono por el grupo, las tradiciones, las invocaciones y los cantos.
Quien alguna vez haya migrado conoce la vulnerabilidad económica y emocional que tal experiencia pone en evidencia. Sabe del duelo, las renuncias y frustraciones, los cambios de personalidad; los acontecimientos imprevisibles; las sensaciones de desprotección o de fracaso; las pérdidas de seres queridos; pero también sabe de la voluntad para seguir adelante, los logros inesperados, el aprendizaje, el crecimiento personal, las alegrías, etc.
Reencontrarse con una comunidad y compartir referentes culturales mitiga el desarraigo, formando una conexión sanadora con los recuerdos y vínculos que se dejaron atrás. La fortaleza, la autoestima y la esperanza de unx se nutren de una convivencia sana entre su identidad (en constante evolución), su cultura de origen, y el partido sacado de las experiencias. Cuantos más escalones de la pirámide de Maslow se conquistan, mayor es la adaptabilidad y el conocimiento adquiridos.
En ‘¿Antifrágil?’ (2012), Nassim Nicholas Taleb acuñó el término de “antifragilidad”, una competencia o fortaleza superior desarrollada por un material (o un individuo) al recuperarse de un golpe o un evento imprevisible. Lejos de deteriorarse, el sujeto se moldea, se refuerza y se supera. En cambio, lo meramente robusto no se adapta: o resiste o se rompe definitivamente.
Sin embargo, hoy, el capitalismo, el clasismo o el racismo siguen siendo escudos de privilegio; el éxito se sigue midiendo con la vara de la robustez, y quienes ostentan control (sobre el mercado, las preferencias nacionales, el género, etc.) mantienen su patrimonio resguardado.
En ‘El apoyo mutuo’ (1902), Kropotkin recordó que Darwin ya señalaba que la supervivencia de un individuo dependı́a de su integración en sistemas colaborativos. Replantear el patrimonio como la variedad de experiencias, privilegiar la cooperación y emanciparse de lo material puede sonar a utopı́a hippie de los años 1960. Si se convirtiera en bases de un nuevo paradigma, solo sobrevivirían quienes sean adaptables: capaces de crear relaciones porosas, de caer y levantarse, de renunciar a lo estático y satisfacerse con condiciones materiales básicas. Las poblaciones del Sur Global y quienes chocan con techos de cristal ya están entrenadas para eso.
‘Vagabundus’ quizá represente un acto simbólico de esperanza: el desarrollo de una forma de antifragilidad en quienes han vivido en condiciones adversas, que va más allá de la simple resiliencia. En condiciones favorables, ese aprendizaje acumulado podría convertirse en la base de nuevos enfoques de progreso, donde las comunidades históricamente oprimidas no solo se sostengan, sino que lideren planes de transformación más sostenibles… ¿Otra utopía? De momento, África resiste y se sigue levantando.
Adeline Flaun
IDIO CHICHAVA presenta ‘VAGABUNDUS’ al Mercat de les Flors, de l’1 al 3 de maig de 2026
VIDEOS SOBRE LA DANZA MAPIKO
“Mapiko: danza ancestral de África del pueblo Makonde”:
“Dança Mapiko”:
“Dança tradicional moçambicana Mapiko já é Património Cultural Imaterial da
UNESCO” :
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VIDEOS SOBRE LAS EXPRESIONES CORALES MAKWAYELA
Documental “Makwayela” de Jean Rouch(1977) :
“Makwayela de Mabalane – Ensaios/2020” :
“Makwayela de Mabalane – 03 de Fevereiro de 2023”:
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BIBLIOGRAFÍA
– Nassim Nicholas Taleb, Antifrágil · Las cosas que se benefician del desorden (primera
edición en Estados Unidos por Random House, 2012)
– Piotr Kropotkin, El apoyo mutuo · Un factor de la evolución (primera edición en
Londres por William Heinemann, 1902)