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Sobre ‘El més petit de tots’, por Víctor Molina

Sobre ‘El més petit de tots’, por Víctor Molina

«… ciertos modos de percepción del mundo son poéticos en sí mismos.»
Houellebecq, El mundo como supermercado

El més petit de tots es un festival que, a lo largo de sus doce años de vida ha venido indagando en esa peculiar insubordinación que llamamos curiosidad;  curiosidad de los niños, curiosidad de los padres,  curiosidad de los artistas y programadores. La de los padres generalmente centrada menos en los espectáculos que en cómo se despliega la de sus hijos; la de los artistas, atenta a la esfera, a la atmósfera que se crea con la respuesta de los pequeños. Y el entorno que El més petit de tots cuida con especial esmero a través de su programación es el de la mirada y la escucha infantiles. Una mirada y una escucha que se expanden en sinestesias e impelen el conjunto de su cuerpo.

La escucha y la mirada del niño son para nosotros un misterio. Tendemos a suponer  que su mirada es una saetilla interrogativa, un impulso cognitivo. Pero desde luego es algo más. Siempre es algo más y siempre algo habitualmente ajeno a nosotros, ajeno al modo de la mirada adulta. Los niños no miran con ojos densificados por la memoria, como nosotros. Su mirada no está amaestrada por la reiteración, como la nuestra. Ellos ven lo que aparece. Y eso es así para ventura de lo que tienen delante. Como también es así para desventura del emperador en aquel célebre cuento de Hans Christian Andersen donde la mirada del niño desnuda lo desnudo. Y es que ellos ven la evidencia en el sentido primigenio de esta palabra: ven la propia claridad de las cosas. Evidentia. Su ver enaltece el misterio de la literalidad.

Se suele decir que existen -quizás entre muchas otras- dos maneras posibles de mirar un escenario, y más concretamente cuando se trata de un espectáculo de danza. Una de ellas es simplemente verlo, abrirse al don de lo que está dándose a ver. Al ofertorio de lo que es y de lo pasa. Verlo quizá considerando el misterio de su origen, y guiados por la curiosidad, por la interrogación sobre el lugar de donde brota la danza en los cuerpos. Este es el mirar libre que suponemos en los niños.

La otra manera de ver -habitual entre muchos adultos- es la del saber reflexivo, y saber reflexivo expresa aquí su doble sentido: el de meditar sobre lo que se ve, y el de reflejarse en lo que se mira. Es una mirada que reconociendo lo que pasa, se reconoce en ello.

En general, el niño mira entregándose. Dándose a lo que ve. Mientras que, en general, el público adulto mira proyectándose, mental o ilusoriamente. En la primera actitud, la danza aparece. Por eso los niños se involucran de cuerpo entero en su mirada, igual que lo hacen con su escucha. En la segunda forma la danza sólo parece. Por eso buena parte de los adultos mantiene en tanto que espectadores una actitud reservada, contenida.

El público infantil no es un público cualquiera. Quizá ni siquiera sea estrictamente hablando un público. Y menos aún cuando está conformado por niños tan pequeños como los convocados precisamente por este breve pero decididamente meritorio festival. El público moderno implica disciplina y anonimato, al menos desde que con ese nombre surgió en torno al universo teatral en el siglo XVII. El de este festival, en cambio, está conformado por presencias que pivotan en lo singular y en lo indomesticado; rechaza lo anónimo. La asistencia añadida de los padres no sólo diversifica la naturaleza de los espectadores sino que confirma la individuación infantil.

Ello no significa que no tenga peso el conjunto de niños en estos eventos. Al contrario, su comunidad se produce de manera plena. Y es una característica que sabiamente ha sido aprovechada por el propio festival en numerosas ocasiones, como en la edición del año pasado y en la inauguración de la actual con Suspès, una ingeniosa instalación lumínica e interactiva de la compañía Playmids, o con las propuestas que en diferentes ocasiones ha presentado el grupo Imaginart, entre las que se encuentran Sensacional, el Planeta K, Little nights…., entre otras. Hay siempre una especie de vínculo vigorosamente latente entre los niños que le confiere a su congregación una incontestable vivacidad. Su colectivo crepitante y vital aparece también singularmente recaudado en -y por- el Concert per nadons de Paulo Lameiro y la Cia Musicalmente, un evento con el que se inaugura el programa del festival en el Mercat de les Flors. Se trata de un concierto en el que los pequeños no sólo escuchan música, no sólo pueden ver de dónde emana su sonoridad, sino también fisgonean en los propios instrumentos, hurgan en el espacio de los músicos tanto como en los espacios intersticiales que dejan los cuerpos de la audiencia, y anulando de paso los límites entre lo que se percibe como espectador y el convertirse al mismo tiempo en cuerpo percibido. Y de ese modo, con la atención de los padres que cuidan de los bebés, con la de los músicos que entran en el campo de la relación física de su audiencia, con la curiosidad de los niños que interfiere en el campo del músico y sus instrumentos…, con todo ello este Concert per nadons termina suscitando un tan inédito como cardinal campos de fuerzas visual y acústico, un campo de fuerzas corporal: una aleatoria coreografía.

El més petit de tots presenta en esta edición cinco espectáculos.  Entre ellos, una producción de Helena Lizari titulada Malebable, un trabajo sobre la ductilidad de los cuerpos y de los objetos, sobre sus formas flexibles y adaptables, a pesar de que a veces la obstinación de esos objetos los aleja por completo de una maleabilidad obediente para ampararse, en cambio, en meros flujos tan tenaces como cadenciosos. De hecho, los cuerpos y los objetos de este espectáculo se ven subsumidos al elemento imperativo del ritmo interno (impelidos por la propia fuerza) y del ritmo externo (impelidos por fuerzas ajenas). Malebable es un espectáculo de rimo visual y matérico, de ritmo objetual y sensitivo. Y quizá debamos advertir que el sentido y la sensación no sólo son dimensiones perceptivas de una representación, pues, atendidas por Lizari, aparecen también como formas de pensar. En Malebable, sentidos y sensaciones se ofrecen como pluralidad, produciendo formas intrincadas, reivindicadas de todo el amplio espectro de una percepción poética, ese prisma perceptivo de la mirada infantil. Y aquí, el aspecto sensitivo, el interpretativo, el sinestésico, el comparatístico y el metamórfico de esa percepción aparecen acaso como dimensiones de un único elemento armonioso, el de lo maleable, el de lo dancístico.

En ese mismo universo de preocupaciones se encuentra el espectáculo de la coreógrafa y bailarina Gaia Gonellli y del músico Wiebe Gotink, componentes de la compañía Dansmakers Amsterdam, que nos ofrecen Ondersteboven, un espectáculo cuyo título puede traducirse como Al revés, como Capgirat. A través de una danza asociativa, íntima y estimulante, con un trabajo interdisciplinar, la coreógrafa-intérprete y el músico crean un espectáculo que da forma a un mundo imaginario libre y personal, y que atrapa a su público acentuando los elementos visuales y acústicos como medios para expresar la imaginación a través de los sentidos. Ondersteboven es una obra donde los materiales y los elementos primarios (las formas, los colores, los sonidos) juegan un rol fundamental. Y acompañados todo el tiempo por la música, también en este caso esos elementos se impregnan de un pulso rítmico dominante que balancea el foco coreográfico entre lo interior y lo exterior, entre lo elemental y lo complejo, en un mismo sentido y al revés, alternadamente.

Otra propuesta que también ensalza la percepción creativa es Miravella, un radiante espectáculo de la compañía francesa Act2. Se trata de una pieza que explora el impecable mundo de las burbujas, la mayor parte de las cuales engullen, al inicio de esta pieza, a los propios bailarines. Pero así como se suele ver un arco iris desplazándose sobre una burbuja transparente como si se resbalara fuera de ella, así los bailarines tornasolados de esta pieza se desprenden de esas translúcidas esferas que los contienen para brillar autónomos en su fisonomía de luz y de colores. Es un espectáculo que plástica y coreográficamente celebra la vida como cosa admirable y maravillosa, porque se mueve en el mundo de la intimidad. No es raro que éste espectáculo nos recuerde aquel mundo del que habla el filósofo alemán Peter Sloterdijk en su magna obra Esferas, cuando diserta sobre los espacios de vivencia y de intimidad como continuas recomposturas de nuestro mundo, de nuestros tránsitos por diferentes burbujas por las que vamos pasando desde nuestro nacimiento, unas esferas que -como mínimo- son diádicas: madre/niño, parejas de amantes, almas/dioses…

La compañía noruega de Inger Cecilie Bertrán de Lis, con su espectáculo Lala Pop se adentra en las rutas de la curiosidad del lenguaje, y lo hace a partir de las relaciones entre lo visible y lo audible. Ausculta los impulsos de la primigenia relación entre palabras y cosas, entre experiencias y referencias. Y lo hace a través de dos personajes que en escena interpretan, con una amplia expresión física y verbal, una dilatada gama de juegos guiados por la curiosidad carnavalesca. Lala y Pop, los dos protagonistas de esta pieza, se comunican entre sí utilizando movimientos, balbuceos, sonidos vocales que progresivamente se van convirtiendo en palabras, en rimas infantiles, en canciones, en danzas. Plena de actos cómicos y absurdos, llegan al escenario de manera personal por su forma de convertir cada elemento en un caleidoscopio desbordado de resonancias múltiples, el mundo desbordado del lenguaje.

El més petit de tots explora una vez más y con sumo cuidado aquello que a los niños no se les enseña, la curiosidad, que llena al mundo de poesía y variedad.

Víctor Molina

Festival EL MÉS PETIT DE TOTS, del 10 al 20 de novembre de 2016

BIBLIOGRAFÍA

Sobre escena dedicada a la infancia

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Ella H. Magruder, Dancing for Young Audiences. A Practical Guide to Creating, Managing and Marketing a performance Company. McFarland & Company Inc Publishers, 2013.

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Música e infancia:

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Sobre la percepción y la curiosidad

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Sobre Burbujas

Peter Sloterdijk, Esferas I (Burbujas. Microesferología),

Peter Sloterdijk, Esferas II (Globos. Macrosferología), y

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